
Cuando estudiaba estos tres versículos pude identificar que los mismos hablan de la “fe, la esperanza y el amor”, y por eso recordé lo que dice 1 de Corintios 13:13 «Y ahora permanecen la fe, la esperanza, el amor: estos tres; pero el mayor de ellos es el amor». Siendo la definición de estos:
Fe: «Ahora la fe es la seguridad (la confirmación, el titulo de propiedad) de las cosas que esperamos, siendo la prueba de las cosas que no vemos y la convicción de su realidad – la fe percibe como hecho real lo que no ha sido revelado a nuestros sentidos», [Heb 11:1 AMP].
Esperanza: El estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea (DRAE).
Amor: «El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor», [1º Jn 4:8].
Bien, en el primero de los versículos objeto de esta infografía podemos notar que el apóstol Pedro inicia su salutación dando gracias a Dios, tal como lo hace el apóstol Pablo en sus cartas; reconociéndole como el ‘Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo’; es decir identificándole como Dios, en relación a su naturaleza divina; y así como Padre con respecto a la condición humana del Señor Jesucristo.
Es conveniente aclarar que la palabra ‘bendito’ utilizada para Dios (vocablo griego ‘eulogetos’: ‘bendito sea’), es diferente a la que se utiliza para los hombres (vocablo griego ‘eulogemenos’: bendecido); y específicamente en esa palabra aplicada a Dios habla de alabarlo con adoración, pues Él escogió como habitación el corazón del hombre que le ama; por tal razón tenemos que hacer vida en nuestro ser el primer y Gran Mandamiento, «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente», [Mat 22:37].
Con respecto a “Nacer de Nuevo”, recordemos que ese tópico se había explicado en Ezequiel 36:25-27 «Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros Mi Espíritu, y haré que andéis en Mis estatutos, y guardéis Mis preceptos, y los pongáis por obra».
Aunque nacemos naturalmente sin vínculo espiritual directo con nuestro Dios, debido a la muerte espiritual adquirida a raíz del pecado cometido en el huerto de Edén por Adán y Eva; aun así Dios puso la eternidad en nuestros corazones; es decir, el ser humano sabe que existe algo más allá después de la muerte; lo saben aún hasta los no creyentes. Nosotros los que creemos en Dios sabemos que hay un reino en los cielos al cual podemos entrar, pero para esto hay un único requisito, y ese es ‘nacer de nuevo’.
Amados hermanos, es únicamente a través del sacrificio que hizo nuestro Señor Jesucristo en la Cruz que nosotros somos invitados a participar del ‘Nuevo Nacimiento’, es decir ‘nacer de agua y del Espíritu’, y esto sucede cuando: Reconocemos a Cristo como nuestro Señor y Salvador, creyendo que Él murió y resucitó; y que nosotros los que hemos creído, hemos resucitado espiritualmente, y se ha restablecido la relación con nuestro Amado Dios y Señor. Gloria a Dios, hemos pasado de ‘muerte a vida’, [Juan 5:24].
La herencia inmarcesible y pura comprende en otras cosas, la preciosa salvación venidera de nuestras almas; y todos los que hemos aceptado a Jesucristo como nuestro Salvador tenemos la maravillosa esperanza viva que implica ‘una vida eterna’; la cual nos hace deleitar al agradar a Dios en todo nuestro peregrinaje terrenal, y esa actitud vivifica el alma.
En fin, haber nacido de nuevo nos convierte en morada viviente de Dios, Él ha tomado nuestro corazón como Su habitación por lo que les invito a que juntos meditemos en lo que nuestro Señor nos dice en Su Palabra «Él pagará a cada uno conforme a sus obras: a los que por la perseverancia en hacer el bien buscan gloria, honor e inmortalidad: vida eterna», [Ro 2:6-7].
Hermanos, gracias a la misericordia de Dios y el sacrificio de nuestro Señor Jesucristo somos parte de la familia de Dios, por eso leamos con cuidado lo que dice el Salmo 91:11 en la versión Martín Nieto: «pues Él ordenó a sus santos ángeles que te guardaran en todos tus caminos». Abracemos con fe esa hermosa promesa, nuestro Dios nos protege hoy y siempre, ya Su orden fue dada, así que ya no sintamos temor ante las tantas circunstancias adversas que están viendo nuestros ojos, «Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para la preservación del alma», [Heb 10:39].
Deseo finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que estos comentarios o anotaciones los emito ‘desde mi perspectiva particular’ en apego a los conocimientos propios obtenidos por mi estudio devocional de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Por lo tanto, espero que mis anotaciones le sirva a usted para continuar con sus lecturas propias de las Escrituras, las cuales sean transformadas en ‘escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia, la Palabra de Dios’, de manera que también pueda identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a su vida y así ser saciado del manjar que el Señor nos brinda en Su santa y bendita Palabra.
Dios les bendiga,
Sandra Elizabeth Núñez