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Después del tiempo de aislamiento en el arroyo de Querit, Dios volvió a hablar. Esta vez no fue para seguir formando a Elías en lo oculto, sino para enviarlo a Sarepta, una tierra extranjera, fuera de Israel, ligada a la adoración de Baal. ¡Qué impresionante contraste! En el mismo territorio donde se honraba al supuesto dios de la fertilidad, el Dios verdadero mostraría que solo Él puede sustentar la vida.

Allí vivía una mujer viuda, sin nombre, sin esperanza, sin respaldo humano. Dios ya la había escogido como instrumento, aunque ella no lo sabía. Cuando Elías la encontró, recogía leña. Su condición era precaria.

Elías le pidió primero un poco de agua y luego un bocado de pan, pero ella respondió que tenía apenas un poco de harina y de aceite, que se estaba preparando para cocinar su última comida con su hijo, y también para después de eso ambos morir. Pero Dios tenía otro plan…

«Entonces Elías le dijo: No temas; ve, haz como has dicho, pero primero hazme una pequeña torta de eso y tráemela; después harás para ti y para tu hijo», [1Re 17:13]. Esa no fue una petición egoísta de parte de Elías, al contrario, fue una invitación a confiar. Ella fue obediente y puso en práctica una fe que tal vez ni ella sabía que tenía. Y al obedecer, se activó una promesa: «No se acabará la harina en la tinaja ni se agotará el aceite en la vasija, hasta el día en que el Señor mande lluvia sobre la faz de la tierra», [1Re 17:14]. Así sucedió cada día hubo lo necesario. Dios no le dio abundancia exagerada, sino provisión diaria. Constante. Suficiente. No solo se multiplicó la harina y el aceite. También se multiplicó la esperanza.

Este pasaje nos enseña que:
• Dios puede usar a personas que el mundo no toma en cuenta para cumplir Su propósito.
• La obediencia activa lo sobrenatural. La viuda no razonó, simplemente obedeció.
• La promesa de Dios sostiene mientras dura la prueba. No prometió lujo, prometió fidelidad.

Jesús mismo reconoció a esta viuda en Lucas 4:26, recordando que aunque había muchas viudas en Israel, Dios envió a Elías a una mujer gentil. Eso nos muestra que Dios no se mueve por estatus ni religión heredada, sino por disposición del corazón. Como la viuda del evangelio que dio dos moneditas (Marcos 12:42), esta mujer también dio lo poco que tenía. Y eso agradó a Dios.

Amado hermano, tal vez hoy sientas que no tienes mucho: poco ánimo, pocas fuerzas o pocos recursos. Pero lo poco, puesto en manos de Dios, es suficiente. Cuando obedecemos, aunque no entendamos todo, el Señor se encarga del resto. A veces, la ayuda viene desde donde menos la esperamos. Dios nos prometió estar con los suyos en todo tiempo.

Deseo finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que estos comentarios o anotaciones los emito ‘desde mi perspectiva particular’ en apego a los conocimientos propios obtenidos por mi estudio devocional de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Por lo tanto, espero que mis anotaciones les sirvan a usted para continuar con sus lecturas propias de las Escrituras, las cuales sean transformadas en ‘escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia, la Palabra de Dios’, de manera que también pueda identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a su vida y así ser saciado del manjar que el Señor nos brinda en Su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga,

Sandra Elizabeth Núñez