Verbo’ significa ‘Logos’, vocablo que procede del griego y que significa ‘palabra’ y ‘razón’, entre otras acepciones.
Los griegos conocían todo lo concerniente al ‘Logos’; lo entendían como ‘la fuerza que estructura el universo’ y ‘el poder creador que hizo el mundo’. Nosotros, los creyentes, lo entendemos como el poder creador de Dios que hizo todo el universo con el poder de Su Palabra. En el libro de Génesis se registra que cada vez que Dios dijo la ‘Palabra’, Su poder creativo se manifestaba, y aquello era hecho (‘Hágase la luz’, etc.) [Génesis 1:1-24]. Esto confirma lo que la misma Palabra declara en el libro de Hebreos: que la Palabra de Dios es viva y eficaz [Hebreos 4:12]; esto es, que la Palabra de Dios es creativa.
El Apóstol Juan utilizó el término ‘el Verbo’ por considerarlo el más adecuado para describir a Jesús, de manera que los judíos pudieran entender que Jesucristo es ‘desde el principio’. Así como Génesis inicia presentando a Dios en la creación, de igual forma inicia el Evangelio de Juan. Allí declara que ‘el Verbo era Dios’; es decir, Juan presenta a Jesús como Dios, dando a entender que existía desde el principio y que no es un ser creado [Isaías 43:10-11].
Ciertamente podemos entender que Jesús es ‘el Verbo o Logos’ y que el Verbo era Dios; esto queda evidenciado en la doctrina del auto-despojo en Su encarnación, llamada ‘Kenosis de Cristo’, afirmada y expresada en Filipenses 2:6-9: «El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a Sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a Sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un Nombre que es sobre todo nombre».
En fin, la ‘Kenosis de Cristo’ nos habla de que Jesús vino a la tierra y se hizo semejante a los hombres, y que durante la manifestación de Su ministerio terrenal Él se despojó de Su gloria celestial, de Su majestuosidad, Señorío y Autoridad, sometiéndose completamente a la voluntad de Dios el Padre. Jesús tuvo que despojarse de Su rol como ‘Dios’, claro está, manteniendo los atributos de Su Deidad, pues Él es ‘santo, justo, lleno de amor y misericordia’. De igual modo, tuvo que asumir el rol ‘humano’; padeció hambre, se cansaba, fue tentado en todo, pero nunca pecó.
Nuestro amado Jesús es ‘el Verbo’. Él, en el libro de Génesis, se nos muestra como ‘la luz creadora’, y en este Evangelio de Juan como ‘la luz salvadora’. El Verbo se hizo carne’; el Verbo es Dios mismo tomando un cuerpo humano y viniendo a la tierra. Sí, Dios había enviado a Su Hijo al mundo, y el único objetivo del apóstol Juan era llevar a las personas a ceñirse a la obra salvadora de Cristo, lo cual solamente se podía lograr mediante la fe.
Hoy día, ese objetivo del apóstol Juan nos ha sido dado también a nosotros como ‘La Gran Comisión’; ese fue el mandato expresado por Jesucristo antes de ascender a los cielos: «Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo» [Mateo 28:19].
Deseo finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que estos comentarios o anotaciones los emito ‘desde mi perspectiva particular’ en apego a los conocimientos propios obtenidos por mi estudio devocional de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Por lo tanto, espero que mis anotaciones les sirvan a usted para continuar con sus lecturas propias de las Escrituras, las cuales les conduzcan a ‘escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia, la Palabra de Dios’, de manera que también puedan identificar y aplicar personalmente esas verdades a sus vidas, siendo así saciados del manjar que el Señor nos brinda en Su santa y bendita Palabra.
Dios les bendiga,
Sandra Elizabeth Núñez