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43.71 La Obra del Espíritu Santo

«Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré», [Juan 16:7 RV60]. 

En el capítulo 14 les había compartido varias enseñanzas sobre “la promesa del Espíritu Santo” que dio Jesucristo a sus discípulos. Hablábamos del “Consolador” (Parakletos) cuyo nombre significa “intercesor, abogado, maestro, monitor”. Ese Espíritu de verdad quien ocupa el propio lugar de Cristo en su ausencia física, y está por siempre con ”los suyos”, y cuyo oficio es manifestar la verdad del Evangelio de Cristo, contrapuesto al espíritu de error.

Ahora en esta ocasión Jesús les vuelve a hablar a sus discípulos acerca del Espíritu Santo, pero ya diciéndoles sobre “la obra o ministerio del Consolador”, cuyo ministerio principal es “convencer” y viene de la palabra griega “Elenjo” (Strong G1651), siendo su significado: amonestar, refutar, sacar a la luz, reprender.

En este pasaje Jesús les vuelve a repetir a sus discípulos que “Él va a la casa de Su Padre” [Juan 14:1]. En los versículos anteriores les habló sobre la persecución y odio de la cual ellos serían objeto, les habló de las muchas pruebas y aflicciones que ellos pasarían por “ser cristianos y los íntimos amigos de Jesús”. El Señor pronto iniciará un largo viaje, se iba a un lugar inaccesible para ellos, pues regresaba al Padre; ascendería a cielo a preparar moradas para cada uno de los que en Él crean.

La tristeza había inundado el corazón de “los suyos” quienes desde el momento que el Señor les dijo que «iba» se sentían abrumados por el gran dolor que les producía escuchar que la lejanía pronto se iba a colocar entre ellos y Jesús. Luego vemos como el Señor les alienta y calma su angustia diciéndoles que “les conviene que Él se vaya” aunque no los dejaba solo y recordándoles la promesa que les hizo de que enviaría al Espíritu Santo. La muerte del Señor era conveniente pues así cumplía con la misión dada por Su Padre, «como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos» (Mateo 20:28) En conclusión, Cristo iba a abrir el camino que lleva al Padre, y a través de su preciosa sangre que derramaría al dar su vida por muchos; todos los que en Él crean serian libre de todos sus pecados y tendría vida eterna.

Amados hermanos y amigos, recordemos que el Señor fue a preparar mansiones y a interceder como abogado de “los suyos” ante nuestro Padre Celestial, y entonces luego envió al Espíritu Santo, quien estuvo como Creador de la tierra junto al Padre y al Hijo; ese bendito Espíritu que visitaba temporalmente a los profetas del Antiguo Testamento y a muchos hombre de Dios. Ahora era diferente, Cristo se iba al Padre pero a partir del día del Pentecostés (Hechos 2), el Espíritu Santo empezó a morar dentro de los hombres y mujeres que reconocen a Jesucristo como su Señor y Salvador.
!Que gran bendición tenemos! No hay palabras para agradecer al Señor el gran privilegio que tenemos de tener al Espíritu Santo en nosotros!

Como les dije anteriormente, la obra principal del ministerio del Espíritu Santo es “convencer” y el Señor no dice que convence al mundo de:
1. Pecado: Esto se trata del pecado que condena eternamente, “la incredulidad, el rechazar a Jesús”. Ese el más grande de todos los pecados, tal como dice Juan 3:17-18 «Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios»

2. Justicia: Aquí habla de la justicia de Cristo, la evidencia de que Jesús es sin pecado. Él fue blasfemado llamándole hasta “endemoniado”, y fue calumniado diciendo que era “un pecador”, sin embargo el Espíritu Santo convencerá al hombre de que realmente Jesús es quien dijo que era “el Hijo de Dios” y que nunca pecó. Romanos 3:22 «la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él»

3. De Juicio: Esto nos habla de que la muerte de Cristo juzgó a Satanás y lo venció, dando esto al hombre la libertad de “ser santo”; «Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera», [Juan 12:31].

Jesús les continúa diciendo a sus discípulos que aún tiene que decirles muchas cosas quizás con respecto a la doctrina o a su pasión, muerte y resurrección; pero en ese momento ellos no estaban preparados para recibirlas, así que más adelante el Espíritu Santo se encargaría de instruirlos. El Espíritu Santo que es el Espíritu de verdad tiene como misión traer la verdad de Dios al hombre y guiar a “los suyos” y les revelará todas las cosas que han de venir.

El Espíritu Santo glorificará a Jesucristo, pues esto nos confirma que Jesucristo es Dios, y que todo lo que el Espíritu Santo nos hará saber la Palabra de Señor. La unidad perfecta del Padre y el Hijo, lo hace declarar la comunidad absoluta con el Padre en todas las cosas, todo lo de Padre es de Jesucristo y todo lo de Jesucristo es del Padre, !que gran herencia no regalan el Padre y el Hijo por medio del Espíritu Santo, su santa y bendita Palabra, los dones, favores y sobre todo una salvación tan grande!.

Deseo finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que estos comentarios o anotaciones los emito ‘desde mi perspectiva particular’ en apego a los conocimientos propios obtenidos por mi estudio devocional de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Por lo tanto, espero que mis anotaciones le sirvan a usted para continuar con sus lecturas propias de las Escrituras, las cuales sean transformadas en ‘escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia, la Palabra de Dios’, de manera que también pueda identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a su vida y así ser saciado del manjar que el Señor nos brinda en Su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga,

 

Sandra Elizabeth Núñez

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