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43.86 Jesús Ante Pilato (4) – Entregado para crucificarlo

Esta es la última parte del interrogatorio de Pilato a Jesús, y aquí él continúa preguntándole «…¿De dónde eres Tú…? », [Juan19:9].

Ciertamente Pilato ya estaba un tanto desconcertado, y más aún si revisamos lo que registra Mateo 27:19 «Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de Él».

Pilato sabía que Jesús era judío y que nació en Belén, así que él realmente quería saber si su descendencia era de los dioses. Recordemos que Pilato era un pagano, y por eso podemos suponer que pensara así. A todo eso Jesús no le contestó su pregunta tan trivial, sobre todo considerando la actitud de Pilato, quien se mostraba como un juez injusto, un político hipócrita, y un tanto temeroso

No debemos olvidar lo más importante, y es que Jesús fue enviado por Dios a morir en la cruz por la salvación de Su pueblo, es decir que Jesús no tenía por qué responder a la pregunta insulsa que le hizo Pilato, ya que no le correspondía juzgar si eso era correcto o no.  La muerte de Jesús era por razones divinas, y Pilato era un hombre que debía juzgar razones terrenales, y vemos que ‘tan mal juez era’, pues no fue capaz de hacer un justo juicio sobre la vida de un inocente, y prefirió poner a pueblo a escoger, entre un hombre justo y un preso famoso, ladrón, homicida y rebelde; tal como lo expresa la Biblia en Mateo 27:16, Lucas 23:19 y Juan 18.40. Así sucede hoy día, muchos prefieren el pecado a la Verdad, las tinieblas a la luz.

Ante el silencio de Jesús, Pilato se enojó con Él, ya que él era el gobernador romano y el juez, y entendió que esa indiferencia se podía traducir como una ofensa hacia su persona, por lo tanto hizo alardes de su poder y hasta lo amenaza tal como expresa Juan 19:10 «Entonces le dijo Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte?».  En ese momento ya no está hablando el hombre temeroso, no, ahora hablaba el hombre orgulloso y jactancioso de su poder y autoridad.  Es decir para castigarle con la muerte, o para dejarlo en la libertad de poder continuar haciendo Sus obras. Pero sabemos que Pilato en varias ocasiones dijo que no había encontrado delito en Jesús, sin embargo no le dejó en libertad. Pilato no tenía el poder para crucificar inocentes, él era ‘juez’ y debía ejecutar su función de manera excelente; tampoco como juez tenía la autoridad para dejar en libertad a delincuentes como Barrabás.

Mis amados hermanos y amigos, que gran valentía mostró nuestro Señor cuando «Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra Mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene», [Juan 19:11].  Con esto le estaba diciendo algo parecido a «tu poder no viene del Sanedrín, ni de ninguna autoridad terrenal, sino de Dios.»

Con la respuesta que da Jesús queda claramente dicho el lugar de donde Él había venido, y le dice que el poder y la autoridad que tiene Pilato le había sido dado por Dios, y así se cumple el propósito para el cual vino Jesús, para así restablecer nuestro comunión con Dios, para la salvación de las almas de Sus hijos, para de esta manera tener el privilegio de vivir por la eternidad. El Señor nos hizo participes del Evangelio por Su sacrificio.

En fin, desde que Jesús dijo ‘desde arriba’, Pilato sintió temor y procuró llegar a un acuerdo con los judíos para liberarlo, buscó por todos los medios posibles sensibilizar los corazones de los malvados, por eso quizás azotó severamente a Jesús y se los presentó como un hombre completamente desfigurado diciéndoles: “¡He aquí su Rey!”, pero aunque el aspecto de Jesús lucía “indefenso y despreciable”, ni eso los conmovió, al contrario, vociferaban «…si a éste sueltas, no eres amigo de César; todo el que se hace rey, a César se opone», [Juan 19:12], es decir lo amenazaron de acusarlo con el emperador como un rebelde que no hizo una digna representación en este caso. Pilato escuchando esto, y al darse cuenta de que no podía llegar a un acuerdo para liberarlo dictó sentencia, y lo entregó a ellos para que fuese crucificado y de esa manera satisfacer sus corazones duros, llenos de ira y envidia de los líderes religiosos; así también mostró ser un hombre pusilánime, injusto e hipócrita.

Deseo finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que estos comentarios o anotaciones los emito ‘desde mi perspectiva particular’ en apego a los conocimientos propios obtenidos por mi estudio devocional de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Por lo tanto, espero que mis anotaciones le sirva a usted para continuar con sus lecturas propias de las Escrituras, las cuales sean transformadas en ‘escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia, la Palabra de Dios’, de manera que también pueda identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a su vida y así ser saciado del manjar que el Señor nos brinda en Su santa y bendita Palabra

Dios les bendiga,

 

Sandra Elizabeth Núñez

 

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