Saltar al contenido

45.05 La Ira de Dios contra la Injusticia (2)

La ira de Dios contra la injusticia (2)

[Romanos 1:23-27]

El ser humano tiene una inmensa necesidad de adorar, pues fue creado para vivir en comunión con Dios. Sin embargo, cuando aparta su corazón del Creador, puede dirigir su adoración hacia aquello que ocupa Su lugar. Por eso, el primer mandamiento nos advierte: «No tendrás otros dioses delante de mí» [Éxodo 20:3LBLA]. La expresión “delante de mí” significa “en mi presencia”.

Antes de continuar, es importante observar que, en el versículo anterior, que forma parte de la introducción al Decálogo, Dios se presenta ante el pueblo de Israel como su Dios y Libertador, recordándoles que fue Él quien los rescató de la esclavitud: «Yo soy el SEÑOR tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre» [Éxodo 20:2LBLA].

En aquella época, entre los pueblos del antiguo Oriente, era habitual la adoración de múltiples dioses que conformaban sus respectivos panteones. Sin embargo, mediante este mandamiento, Dios prohibía al pueblo de Israel reconocer y adorar a otros dioses, estableciendo que solamente Él debía recibir su adoración y obediencia. Esta misma desviación espiritual es denunciada por el apóstol Pablo cuando señala que los seres humanos cambiaron la gloria del Dios incorruptible por imágenes semejantes a seres creados [Ro 1:23].

La decisión del ser humano de adorar a dioses falsos y abominables evidencia hasta dónde puede conducirlo su alejamiento de Dios. En su necedad, cambió la gloria del Creador por imágenes semejantes a hombres, aves, cuadrúpedos y reptiles, convirtiéndose así en idólatra. A pesar de conocer la manifestación de Dios mediante Su creación, prefirió continuar en su rebeldía, apartándose de Su verdad.

Como consecuencia de esta conducta, Dios los entregó a la impureza y a las pasiones pecaminosas de sus propios corazones, permitiendo que experimentaran las consecuencias de sus decisiones. De esta manera, quedaron sujetos al justo juicio de Dios, pues habían rechazado Su verdad para seguir sus propios deseos. Esta condición pecaminosa también es recordada por el apóstol Pablo cuando declara: «Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros» [Tito 3:3RVR1960].

En estos tiempos modernos, también pueden existir panteones erigidos en el corazón de muchos cristianos, donde sus cónyuges, hijos, dinero, trabajo y otras personas o cosas ocupan el lugar que solamente le corresponde a Dios. Y es que, al igual que ocurrió con los seres humanos descritos por Pablo, una de las manifestaciones de esta desviación espiritual es la falta de gratitud hacia nuestro Creador. Por eso, las Escrituras nos exhortan: «Así que nosotros, que estamos recibiendo un reino inconmovible, seamos agradecidos. Inspirados por esta gratitud, adoremos a Dios como a él le agrada, con temor reverente» [Heb 12:28NVI].

La expresión “temor reverente” se relaciona con la palabra griega “eulabeia” (G2124), que expresa reverencia, respeto y cautela ante lo sagrado. Este temor santo nos induce a acercarnos a Dios con una actitud de respeto y obediencia, reconociendo Su santidad y majestad. Así lo declaró el Señor: «Como santo seré tratado por los que se acercan a mí, y en presencia de todo el pueblo seré honrado» [Levítico 10:3LBLA].

Mis amados hermanos y amigos, debemos adorar a Dios guiados por el Espíritu Santo, reconociendo que la verdadera adoración no consiste solamente en nuestras expresiones externas, sino en la disposición sincera de nuestros corazones para honrarlo y obedecer Su voluntad. Así nos enseña nuestro Señor Jesucristo: «Dios es espíritu, y los que lo adoran, para que lo adoren como se debe, tienen que ser guiados por el Espíritu. Se acerca el tiempo en que los que adoran a Dios el Padre lo harán como se debe, guiados por el Espíritu, porque así es como el Padre quiere ser adorado. ¡Y ese tiempo ya ha llegado!» [Juan 4:23-24, BLS].

Nuestro Dios, único Creador e incorruptible, es digno de recibir toda la gloria, la honra y la adoración, pues solamente a Él le pertenecen. Así lo declara Su Palabra: «Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas» [Isaías 42:8RVR1960].

En Romanos 1:24-27 encontramos las primeras dos ocasiones en que el apóstol Pablo declara que Dios entregó al ser humano a las consecuencias de sus propias decisiones pecaminosas. Esto ocurrió porque, habiendo rechazado la verdad divina, persistió en su desobediencia y prefirió satisfacer los deseos de su corazón antes que someterse a la voluntad de Dios. Como consecuencia, se entregó a prácticas que deshonraban su propio cuerpo y evidenciaban su alejamiento de la santidad y los mandamientos divinos.

Deseo finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que estos comentarios o anotaciones los emito “desde mi perspectiva particular”, en apego a los conocimientos propios obtenidos por mi estudio devocional de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios.

Por lo tanto, espero que mis anotaciones le sirvan a usted para continuar con su lectura personal de las Escrituras, transformándola en un ejercicio de “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia, la Palabra de Dios”, permitiéndole identificar y encontrar en ellos una aplicación especial y personal para su vida y así ser saciado del manjar que el Señor nos brinda en Su santa y bendita Palabra.

Dios le bendiga.

 

Dra. Sandra Elizabeth Núñez (D.Min.)

Sandra Elizabeth Núñez

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *