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7.4.10 Resurrección de Lázaro

 

Llegamos a la escena más maravillosa del relato de la enfermedad y muerte de Lázaro, su resurrección.  En esta narración veremos en acción al autor de la resurrección, Jesús,  nuestro Señor, ejecutándola sobre Su amado amigo Lázaro.

Jesús estaba profundamente conmovido por el dolor de la familia y amigos de Lázaro quien había muerto a causa de una enfermedad, por eso pidió que abrieran el sepulcro donde se encontraba el cuerpo.  Marta, quien anteriormente le había dicho a Jesús que creía que su hermano un día resucitaría, y que en Juan 11:27  «Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo»,  ahora le dice al Señor que Lázaro tenía cuatro días que había sido sepultado por lo que su cuerpo hedía, indicando así que la tumba no debería ser abierta.   

Amigos, eso es lo mismo que sucede con el ser humano que está muerto en sus delitos y pecados y que no ha aceptado a Cristo como su Salvador, tal como dice Efesios 2:1 «Y Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados».

Mientras una persona no acepte a Jesús como Señor y Salvador, (inconversos), o habiéndole aceptado se haya apartado, (impíos), se convierten en muertos espirituales y su pecados hieden en la presencia de Dios, y a menos que se arrepientan no podrán recibir la vida, que es Cristo.

Pues bien, para que el milagro fuera mostrado y la voz de Jesús fuera escuchada por el difunto debían remover lo que estorbaba, quitar la piedra de manera tal que Lázaro pudiera salir al escuchar la voz de Jesús.

Leímos que el Señor solicita a los allí presentes que quiten la piedra, y a la verdad debía ser una petición muy difícil de complacer para un judío, quienes consideraban que era prohibido abrir un sepulcro después que la piedra estuviera colocada, y lo más importante, que para ellos era una impureza legal tocar un muerto, [Levítico 21:1; Números 19:14]. Sin embargo, vemos como obedecieron al mandato de Jesús y abrieron la tumba.

Lo anterior me pone a pensar en aquellos que no han aceptado a Jesús. Si tú fueres uno de ellos me gustaría que pensaras en esta pregunta:  ¿Qué te impide a ti escuchar la voz del Señor; leer Su santa y bendita Palabra; mantener una comunión con Él; obedecer Su voz?  Sea lo que fuere tu respuesta, remuévelo; si no puedes sólo, solicita ayuda, pues  «Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?», [Jn 11:40].  Así que Jesús hoy te dice a ti lo que le dijo a Marta, Él te recuerda Su promesa.

Pues bien, inmediatamente Jesús alzó Sus ojos al cielo y externó una oración de agradecimiento al Padre por lo que haría, por la respuesta que obtendría, todo para que la multitud creyeran en que Dios lo había enviado y pudiera ver la comunión que tenía con Él.  Luego con una fuerte voz Él dice “Lázaro, ven fuera”, exponiendo que Él es la Resurrección y la Vida,   fíjese que lo llamó por su nombre, el Señor nos conoce por nombre «Mis ovejas oyen Mi voz, y Yo las conozco, y me siguen», [Juan 10:27].  

Lázaro vuelve a la vida, resucita pero sale atado con el sudario y las vendas.  Aquí quiero que observemos el contraste entre la resurrección de Jesús y la de Lázaro, pues cuando Cristo resucitó dejó todo el ‘traje de viaje’ en la tumba, ya que Él resucitó con un cuerpo glorificado.  Lázaro resucita atado con su traje de viaje, el sudario y las vendas,  y el Señor le solicita a los que estaban allí que lo desataran y lo dejaran ir, esto simboliza la ‘Ministración del alma’.

Recuerdo hace muchos años atrás cuando estudiaba en el Instituto de mi amada Iglesia de Cristo Ministerios Elim en República Dominicana, definían ‘Ministración del Alma’, como  la gracia que Dios da por medio de la cual el cristiano puede escudriñar por el Espíritu su alma, detectando deformaciones, ataduras, vicios, herencias y todo aquel mal que fue sembrado en su vida anterior, antes de conocer a Jesús.

La Ministración es un recurso de parte del Señor para todo aquel cristiano que reconozca su necesidad de ser perdonado, ser sanado, ser libertado, y sobre todo el deseo de tener un alma con salud espiritual. 

Quiero hacer una nota aclaratoria. Muchos de nosotros podemos estar espiritualmente vivos,  y aún llevar vendas mortuorias que todavía nos cubren, y que impiden que seamos completamente útiles en las manos de Dios; áreas que no hemos permitidos que la gracia divina de Dios modifique, ya sea nuestro mal carácter; la forma incorrecta de hablar; en fin cosas que permitimos que nos sujeten y contra las cuales luchamos constantemente. 

Muchas veces permanecemos con retazos que cuelgan de cualquier parte de nuestro cuerpo, por eso hoy rindámonos ante el Señor para que Su misericordia nos alcance y que Él pueda conquistar ese territorio de nuestro ser y podemos vivir la vida en abundancia que Él nos vino a regalar. Recordemos que Lázaro ya estaba resucitado, sin embargo, aún estaba atado, y necesitó ser desatado y liberado.

En conclusión,  un día Jesús llamará a los Suyos por su nombre, sí llamará a lo que hayan muerto reconociéndolo como su Señor e inmediatamente resucitarán.  ¡Qué hermosa esperanza tenemos. Aleluya!

Deseo finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que estos comentarios o anotaciones los emito ‘desde mi perspectiva particular’ en apego a los conocimientos propios obtenidos por mi estudio devocional de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Por lo tanto, espero que mis anotaciones les sirvan a usted para continuar con sus lecturas propias de las Escrituras, las cuales sean transformadas en ‘escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia, la Palabra de Dios’, de manera que también pueda identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a su vida y así ser saciado del manjar que el Señor nos brinda en Su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga,

Sandra Elizabeth Núñez

 

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